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jueves, 12 de marzo de 2009

UN VIAJE SIN MEMORIA






Rodeado de gente, recostado en una cama ubicada en una habitación totalmente desconocida, llena de personas que por más que intento identificar, no logro hacerlo.

Aturdido y desconcertado, no sé qué ha pasado. Ignoro quien soy, pero estoy totalmente revolcado y con la ropa hecha jiras. Entre furiosa y preocupada se me acerca una mujer que dice ser mi madre, sorprendida exclama: ¡Está volviendo en sí! ¡Gracias Dios mío!, oigo otra voz femenina, creo que es mi tía Felipa que dice: ¡dénle agua con azúcar! ¡agarró un mal aire!


Pareciera que todo el barrio se reunió por satisfacer su curiosidad, el morbo, y ver de cerca el insólito y singular espectáculo para enterarse de viva voz de lo sucedido.

Azorado, aturdido y semiconsciente, me subieron en un automóvil con dirección hacia el hospital civil. Antes de llegar al nosocomio, mi cabeza empieza a aclararse y las ideas comienzan a fluir de nuevo en mi cerebro.

¿Pero qué hacía yo trepado en un camión, si a mis primos, a mi hermano y a mí nos habían mandado a matricularnos a la escuela?

Felices por haber pasado de año escolar, una vez inscritos, jugamos un rato en la escuela con nuestros respectivos compañeros. Se llegó la hora y emprendimos el regreso a casa. Mis primos y mi hermano, eran más temerarios y vagos que yo, no temían a los castigos de su madre, pero yo sí. Pues la mía parecía que me estaba cobrando todo lo que le hizo mi padre desde que se separaron, por el sólo hecho de ser el más parecido a él. Ese pequeño detalle siempre me trajo bastantes problemas, y sí, sin deber nada. Creo que estaba pagando todo lo que él hizo.

Vivíamos a sólo seis cuadras de la escuela. A mis queridos parientes se les ocurrió pedir un aventón al repartidor de refrescos de las marcas “Misión y el quita sed Squirt” aunque yo no estaba del todo convencido. Él aceptó de muy buena gana y con toda la buena intención de hacer el bien a unos niños aparentemente cansados. Parados sobre una especie de estribo en la parte posterior del camión, yo, agarrado con uñas y dientes empecé a sentir que la velocidad se incrementaba cada vez más, al mismo tiempo mi corazón bombeaba más sangre que de costumbre, sentía que se me salía. El paisaje pasaba ante mis ojos vertiginosamente, peor que cuando Luis, hijo del dueño de la tienda y por lo tanto el niño rico de la cuadra, me había paseado por primera vez en la parrilla de su bicicleta.



El vértigo se apoderó de mí. De pronto vino a mi mente la imagen de mi madre como si estuviera en una película, con su cable preferido en la mano, lista para comenzar a propinarme la cueriza del día y profiriendo la sarta de gritos y amenazas de costumbre. Comencé a sentir la santa golpiza.

El camión no se detenía y parecía que notenía intención de hacerlo. Pasó de largo la calle donde yo vivía, ignoraba dónde y cuando se detendría. De repente dije: ¨ Aquí me bajo ¨ y sin pensarlo mucho lo hice, ignoraba que pararía en la tienda del Chaparro que estaba en la siguiente cuadra. No me importó que el camión estuviese en movimiento, era preferible el aterrizaje suicida al enfrentamiento con mi madre. Rodé no sé cuantos metros como un costal de huesos, dicen los que me vieron. Por fortuna no tuve fracturas, sólo raspones y la pérdida inmediata de la memoria; inconsciente, trastabillando, caminaba por el medio de la calle, como si estuviera drogado o ebrio. Ignoro cómo caminé las dos cuadras que me faltaban, llegué a mi casa por instinto o por pura inercia.

Héme aquí, semiconsciente, aturdido sin saber aún quien soy, en el automóvil con destino al hospital civil para un reconocimiento médico, acompañado de José Emilio, mi hermano protector y de mi cuñado, quienes se esfuerzan en hacer intentos por que recupere mi memoria y tratando de aleccionarme para que declare en favor del conductor del camión, quien había sido detenido por causa de mis temores e imprudencia pueril. Y pensar que gratis y de tan buena gana nos había transportado.

Ahora mientras mis recuerdos se asientan me percato de no tener fractura alguna, mas temo que mis huesos no soporten una golpiza al llegar a casa, pues la imagen que causó el evento se ha vuelto a presentar en mi cabeza.

1 comentario:

  1. Wow logras transportar al lector momentos justo para revivir contigo nuevamente los hechos,

    gracias por este momento
    me senti algo tengo al imaginar una caida de
    ese vuelo, no se igual un auto pudo aparecer por atras y arrollarte

    ssaludos

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