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sábado, 23 de octubre de 2010

HOMENAJE A LA REVOLUCIÓN


OBRA DE TEATRO

Homenaje a la Revolución es mi debut como dramaturgo. Esta obra fue escrita especialmente para su presentación en la muestra interestatal de teatro del CBBC el viernes veintidós de octubre del 2010 en conmemoracion del centenario de la Revolución y bicentenario de nuestra independencia. Atendiendo a los requisitos y condiciones establecidos en la convocatoria (u oficio, cómo deseen llamarle, por aquello de la semántica y las disculpas) del Depto de Actividades Paraescolares. La muestra se desarrolló el el auditorio del Plantel Ensenada. Al final de cuentas, sólo pocos nos apegamos y respetamos esos requisitos o condiciones de participación.

Me congratulo por haber dirigido a estos actores y actrices, todos "debutantes", pues en esta puesta en escena demostraron su talento y capacidades histriónicas y pusieron no sólo la "MUESTRA", sino el ejemplo a todos los actores y actrices con "EXPERIENCIA" de todos los grupos participantes Sobre todo pusieron en alto el nombre del PLANTEL ENSENADA del CBBC a pesar del poco apoyo al no contar con un espacio idóneo para realizar los ensayos. En el escenario se plantaron como si verdaderamente tuvieran tablas, como todos unos actores y actrices profesionales.

PERSONAJES:

Madre: Torres Agüero Naara
Hijo: Carballo López Diego Rodolfo
Adelita: Solorza Rodríguez Laura Irasema
Sargento: Barajas Páez Ernesto
Valentina: Rodríguez López Zhujeyth
Juan: Córdova Espinoza Daniel Francisco
Joven Revolucionario: Cárdenas Beltrán Ricardo
Turba: (todos)Chávez Rivera Laura S. y López Zazueta Oralia

Dirección, Iluminación y Utilería: Cuauhtémoc Pérez Gerardo.



CUADRO 1: LA MADRE Y EL HIJO

(Al abrirse el telón, ante una tenue luz blanca, arrodillada en centro del escenario aparece una mujer de mediana edad, haciendo tortillas frente a un fogón o anafre y sobre él, un comal. La escena inicia con la canción Adiós a un Soldado como fondo. Al terminar ésta, sube la intensidad de la luz y entra el hijo nervioso y desesperado dirigiéndose a ella.)

El hijo: !!Mamá!! !! Mamá!!

Madre: ¿Qué te pasa m’hijo?

El hijo: Dicen que la leva ya viene pa’l pueblo, y la verdá yo no quiero irme con los federales. Dicen también que están reclutando a la fuerza a todo aquél que tenga edad suficiente para peliar contra nuestros hermanos. Yo, prefiero irme a la bola a luchar por los ideales del general Zapata… “Tierra y Libertad”.

Madre:(Angustiada por la noticia, llorando responde) Ándele m’hijo, cómase un taco y luego váyase a peliar por la causa, que su madre prefiere que se vaya con la bola y no con esos méndigos pelones del gobierno de ese desgraciado General Huerta. Agarre la carabina de su padre y déles batalla, pa’ que se acabe el hambre y la injusticia.

El hijo: ¡Sí má! Ya verá que a pesar de ese ejército de pelones tendremos una patria verdadera. Ahora sí seremos mexicanos de primera y lograremos acabar con esas tiendas de raya, con todas las injusticias y los abusos de los hacendados y de este gobierno que tanto daño nos han hecho.

Madre: Sí m’hijo, siga los ideales del General Zapata, recuerde que él prefiere morir de pie que vivir arrodillado. Que Dios me lo bendiga y me lo acompañe siempre y no se le haga raro que cualquier rato me le aparezca en la bola con mi treinta treinta.
(Se apaga la luz y ambos salen sigilosamente)

CUADRO 2: ADELITA Y SARGENTO

(Se colocan en el extremo derecho al frente del escenario Adelita y el sargento ante una luz verde).

Adelita: Mi sargento, estoy muy priocupada.

Sargento: A ver mi Adelita… ¿Dígame por qué?

Adelita: Pos es que pareciera que esta revuelta no terminará nunca.

Sargento: Mire Adelita… tenga paciencia. Todos estamos cansados de los malos tratos y abusos de este desalmado gobierno y créame que no importa cuanto nos desgastemos en esto, porque ya no tenemos nada que perder y mucho qué ganar.

Adelita: Tiene usté razón, hemos de seguir luchando hasta ver que Pancho Villa o el general Zapata estén en el poder.

Sargento: Claro que sí, ya verá que pronto triunfaremos y si usté acepta, nos casaremos, y tendremos hartos chilpayates cuando esas tierras regresen a nuestro poder.

(Al terminar la escena, Adelita y el sargento, salen del escenario, apagándose la luz verde.)



CUADRO 3: JUAN Y VALENTINA

(Aparecen en el otro extremo ante una luz roja Juan y Valentina)


Juan: ¿Qué tal mi chula, cómo está usté?

Valentina: Óigame mi Juan, creo que ya no debemos vernos.

Juan: Por qué me dice eso mi chata, ¿Qué no vé que’stoy reteenamorao? O qué, ¿Ya no me quere?

Valentina: No es eso mi Juan, es que dicen que lo van a matar mañana y lo van hacer a la mala nomás por ser revolucionario.

Juan: Mire nomás, pos lo revolucionario no se me ha de quitar, porque ser revolucionario es mi placer y por usté y mi México vale la pena el riesgo y si me han de matar mañana, pos que me maten de una vez.

Valentina: Por eso te quero… ¡por bragado! ¡Sigue luchando al lado del General Villa que ganaremos todas las batallas!



CUADRO 4: El CAMPAMENTO

(Al terminar la escena, se encienden las tres luces que relejan los colores de la bandera en el fondo del escenario. Por el lado izquierdo, un joven revolucionario representando a la clase media, con su rifle en alto, entra gritando consignas en contra del gobierno y vitoreando a Villa y Zapata, seguido de una turba armada gritando. Se integran a la turba los demás personajes.)



El joven: ¡Viva Villa!

Turba: ¡Viva!

El joven: ¡Viva zapata!

Turba: ¡Viva!

El joven: ¡Vivan los mexicanos y que muera el mal gobierno!

Turba: !Que muera el mal gobierno! ¡Que muera el mal gobierno! ¡Que muera el mal gobierno!

(Se apagan las luces y se colocan dispersos sentados en el suelo simulando un campamento, Comienzan a cantar fragmentos de la Adelita, la Valentina, la Rielera y la Cucaracha. Se hace el obscuro total y se cierra el telón.

FIN.

martes, 12 de octubre de 2010

LA RASURADORA RESENTIDA


Cada temporada de invierno, mi familia y yo aprovechamos para pasar las vacaciones viajando en automóvil hacia el centro del país. En uno de esos viajes, había sacado ya el permiso de internación temporal para mi carro y mi maleta la había hecho con una semana de anticipación. Tenía todo listo, ropa, cepillo de dientes, cepillo para el pelo, etcétera. Aún no decidía si llevar mi rastrillo o mi rasuradora de baterías. Se me pasó el tiempo sin advertirlo, opté por llevar mi rasuradora para no cargar con la crema de rasurar que ocuparía un espacio extra. Eran ya pasadas las ocho de la noche y saldríamos por la madrugada, pero había olvidado un pequeño detalle… no había comprado pilas. Raudo y presuroso, me dirigí a la tienda de sólo un precio para comprar unas pilas alcalinas. ¡Oh sorpresa! Había olvidado que faltaban unos días para la noche buena y las pilas se habían agotado. No encontré las pilas que buscaba, pero en la tienda hallé una caja llena de paquetes con pilas “normales” marca Rocket con veinticuatro piezas cada uno. No lo dudé y me llevé dos,luego me dirigí contento a casa por la gran oferta adquirida, hasta les ofrecí a mis hijos y a mi esposa por si llegaban a necesitar. Por la media noche tomamos la carretera e iniciamos el trayecto con destino a Guadalajara haciendo una escala en Culiacán. Al día siguiente manejé hasta llegar a Tepic cuando caía la tarde. A mi esposa se le ocurrió que tomara la vía hacia Puerto Vallarta y así fue. La carretera es muy sinuosa y la noche era obscura, me sentía cansado y todos estábamos hambrientos. Decidimos pasar la noche en Santiago Ixcuintla para descansar y alimentarnos. Nos hospedamos en un lujoso hotel. Nos instalamos, y antes de salir a buscar qué o dónde cenar, decidí darme un baño para descansar. Salí de la regadera y saqué mi rasuradora, pues con la desvelada y el cansancio mis tres pelos de barba y bigote habían crecido. Saqué dos pilas del paquete de veinticuatro, las coloqué en mi máquina y comencé a rasurarme, mientras la familia veía televisión. No pasaron cinco segundos cuando la máquina comenzó a perder fuerza, parecía que estaba resentida y se rebelaba por haberle puesto baterías sencillas y baratas. De pronto se detuvo, habían quedado los duros pelos de mi barba entre sus cuchillas, comencé a reír de nervios, pues no lograba despegarla de mi cara, mis hijos y mi esposa al percatarse del hecho, no pudieron ayudarme, pues al verme se les vino un ataque de risa que les impedía hacer algo por mí. Como pude, quité la tapa de la rasuradora y saqué las pilas. Coloqué otras dosde las veintidós que me quedaban, éstas no duraron ni cinco segundos y mi barba seguía atorada y la máquina continuaba colgando de ella. Pasó un buen rato. Cambiaba constantemente de pilas intentando terminar la rasurada o al menos esperaba que soltara mi barba. Veinticuatro pilas pasaron por la máquina y ninguna sirvió. Mi familia lloraba a causa de las carcajadas causadas por el espectáculo que sin querer les ofrecía, yo también lloraba de la risa, los nervios y dolor, nunca pensé que sufriría tanto. Al ver mi impotencia, mi mujer sacó las pilas de su discman y casi revolcándose de la risa me las entregó sin poder hacer o decir nada. Desesperado arranqué la máquina de mi barba, sentí un inmenso dolor pero un gran alivio. Puse las pilas y pude terminar mi trabajo. El otro paquete de las Roket terminó sin abrirse en la basura. Mi sentido común me había dicho “Llévate el rastrillo”, pero no le hice caso, sólo por confiar en la tecnología. Ahora, cada vez que salgo de vacaciones cargo conmigo una rasuradora eléctrica recargable, sustituta de la de pilas que conservo como un desagradable pero divertido recuerdo de esas magníficas vacaciones, hoy se encuentra descansando en su estuche porque después de ese suceso le perdí totalmente la confianza.