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sábado, 4 de septiembre de 2010

XEENA

Era imposible de creer. Al llegar a casa, sentí de pronto que mi respiración se agitaba y mi corazón bombeaba mi sangre de manera más apresurada de lo usual al ver que ella no estaba. No salió a recibirme como siempre lo hacía.
Desesperadamente tomé el llavero, la angustia me impedía localizar la llave de la cerradura de la puerta. Hice tres respiraciones profundas para calmar mi ansiedad. Por fin logré abrir. Le busqué por todos lados, mas no la encontré.

Mi ser fue invadido por terribles sentimientos de tristeza, decepción, impotencia, culpa y dolor.
Logré tranquilizarme después de un rato y procedí a emprender de nuevo la búsqueda. Angustiado registré todas las calles del lugar, metro a metro, centímetro a centímetro. No podía creer que me hubiera abandonado, incluso la creí muerta, tanto así que examiné hasta por debajo de la casa.

En momentos, para calmar mi ansiedad, pensaba que se había escondido para después darme una agradable sorpresa, pero… ¡Definitivamente no estaba!... !!Se había ido de mi vida!! Me había abandonado después de tanto tiempo de mostrarme los arrebatos de su amor y su cariño.
De nada valió que la piel de mis piernas, mi espalda, mis brazos y mis manos quedara bajo sus uñas cada vez que iba a verle, cada vez que le visitaba para confirmar que estuviera bien alimentada.

Pero se fue y no podía asimilar que se hubiera marchado. Se escabulló de mi vida por algún hueco que me fue imposible localizar.

Abatido, invadido por los sentimientos más tristes, cerré la casa y partí del lugar, abrumado por mis pensamientos. No deseaba sustituirla, pero estaba dispuesto a ello, no había más remedio, tenía qué hacerlo, aún sabiendo que como ella no encontraría a nadie.

Lloré en silencio y en soledad mi pena, no lograba convencerme de su ausencia. Mi mente seguía atormentándose por la duda. Intentaba encontrar una explicación de su partida cuando todo parecía estar bien, mi cerebro se atormentaba a cada momento, no dejaba de pensar en ella, pues en mi alma existía una remota esperanza de que recapacitara y valorara el amor que a pesar de su abandono aún vive en mí y regresara.

Desde lo más profundo de mi ser, escuché una vocecilla apenas perceptible que me decía…
- Regresa y búscala de nuevo, es posible que haya regresado... ¡Búscala de nuevo!

Con sentimientos encontrados de pena, tristeza, y hasta con cierto coraje, pero con una leve esperanza, decidí regresar al lugar de nuestros encuentros.

!!Ahí estaba, había regresado y entrado por el hueco secreto!!

La muy sinvergüenza al verme, estremecía todo su musculoso cuerpo, ladraba sin cesar, moría de gusto al volver a verme. Movía su cola sin parar y sólo esperó que abriera yo la puerta para saltar de felicidad sobre mí y como siempre arrancar con sus garras la piel de mi espalda, mis brazos, mis manos y mis piernas.

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