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domingo, 25 de octubre de 2009

UNA HAMBURGUESA CONFUSA

Hace tiempo, en uno de esos días ajetreados, que por falta de tiempo mi esposa no tuvo oportunidad de preparar la comida, de tal forma que me invitó a comer una hamburguesa al restaurante Karl’s Jr., aprovechando que yo aún no lo conocía. Salimos de nuestro trabajo y nos dirigimos hacia allá, pedimos nuestra orden y nos sentamos frente a frente en nuestra mesa a esperar nuestra apetitosa comida.

En cuanto nos llevaron la orden, hambriento tomé mi hamburguesa, iba apenas a darle la primera mordida, cuando de pronto se acerca a la mesa una guapa mujer de piel morena clara, alta, delgada, de ojos azules, saludando a ambos y con una actitud muy familiar se dirige hacia mí y me dice... ¡Levántate!

Me quedé como menso con la hamburguesa cerca de mis dientes, no sabía qué hacer, ni qué decir, sólo volteé a ver a mi esposa que únicamente sonreía. Pensé que era alguna pariente, alguna vieja loca o alguien que deseaba hacerme una broma. Sin embargo, mi cerebro se volvía loco tratando de ubicar a esta imperante mujer.

¡Levántate! ¿Qué te pasa?...
Atónito, volteando hacia un lado y hacia otro, con la mirada pedía ayuda a mi mujer para salir del embrollo.

De nuevo, la delgada mujer utilizando con energía la función apelativa, ordenó imponentemente ¡Levántate y dame un abrazo! ¿O es que ya no te acuerdas de mí?

Yo con una risita nerviosa, para darle gusto y ponerle fin a esa difícil situación, y esperando que me dejara comer, dejé mi hamburguesa sobre la mesa, me puse de pie y le di lo que ella pedía… Un afectuoso pero forzado abrazo.

Regañándome de nuevo me dice amorosamente… ¿Qué ya no te acuerdas de tu maestra del Colegio Cristóbal Colón?... ¡Soy tu maestra Aurora!

Fue entonces cuando mi mente comenzó a fluir y comencé a armar el rompecabezas, me sentí halagado por el detalle y no sabía si agradecerle por quitarme esos veintinueve años de edad.

Pude por fin responder de la siguiente manera… Maestra, creo que me está confundiendo con mi hijo Emilio.

Sin saber qué hacer, ni qué decir, avergonzada, su cara pasó por todos los colores existentes. Sólo se concretó a pedir disculpas, se despidió y se retiró rumbo al sanitario. Tal vez esperó allí hasta que nos fuéramos, porque no la volvimos a ver.

2 comentarios:

  1. Qué anécdota más curiosa, primero parecía que sería una exnovia o una amante o algo por el estilo, luego no sólo es la maestra sino que es la maestra de su hijo.
    Saludos.

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  2. Qué talento para escribir... Le envío un saludo, no sé si me recuerde pero le envío un saludo muy cordial, en todo caso.

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Gracias por tus comentarios