domingo, 14 de abril de 2013
VIACRUCIS EN UN PIE
domingo, 19 de febrero de 2012
MILKA
lunes, 17 de octubre de 2011
CAMINATA POR LA PAZ
De visita en La Paz, BCS., dispuesto a acompañar a mi nieto Manuel en el día de su boda. Me levanté para desayunar y satisfacer a mis tripas, no sin antes recorrer el malecón y disfrutar de una caminata bajo el radiante sol del puerto.
Satisfice mi necesidad de alimento y fui de regreso al hotel, que según la agencia de viajes es de cuatro estrellas, pero a mi juicio, le faltaron dos, pues sus escaleras se mueven cual puentes colgantes o como barco en tormenta. Mi habitación me hace sentir como un halcón o como un águila, pues está próximo a la azotea.
Opté por no recluirme en mi habitación y seguí mi travesía pedestre. Pude percatarme de que La Paz es una ciudad de altos, no por la estatura de su gente, sino por que cada esquina cuenta con sus cuatro altos de disco. Pareciera que el objetivo es acabar con la gasolina y promover las empresas productoras de balatas, pues hay que frenar obligatoriamente cada cincuenta o cien metros.
Repentinamente me transporté al pasado al ver en una esquina a dos niños dando vuelo a su imaginación y a la creatividad, jugaban a los carritos como yo lo hacía, uno adentro de una caja de cartón y el otro lo empujaba imitando los ruidos de un carro.
Continué mi caminata hasta llegar a otra esquina que me arrastró de nuevo hacia el túnel del tiempo en un viaje instantáneo hacia el pasado. Me transporté cincuenta y un años atrás, pues me encontré un semáforo colgante, de los años sesentas en Mexicali, de esos desechados en Caléxico por ser antiguos y haber cumplido con su función, pero que aparentemente el gobierno municipal rescataba de los basureros gringos.
Volví a mis siete años de edad y casi repito la historia cuando hacía mis primeros mandados a las muchachas ricas de la colonia (las dueñas de La siempre viva).
Tengo muy presente mi primer servicio para ellas, tuve qué ir hasta el ¨pueblo¨ (así se le decía al centro de la ciudad de Mexicali) a comprarles un disco de Enrique Guzmán, y aunque me dieron mis sesenta centavos para el camión (viaje redondo), opté por irme a pie porque no sabía viajar en vehículos con ruedas.
Llegué hasta la civilización, sobre calles de ardiente pavimento y por lo tanto, al primer semáforo en Av. Zuazua y Morelos donde tenía que cruzar y enfrentar por vez primera a ese aparato que colgaba en el centro del crucero y que tenía qué obedecer siguiendo sus señales. Me quedé buen rato tratando de interpretar las series rojo, amarillo, verde repetidamente, esperando que apareciera algún transeúnte para seguirlo, pero nadie aparecía. Tal vez por el calorón veraniego que hacia. Carros había muy pocos.
No alcancé a digerir la lógica del aparato pendiente, pero sólo tenía dos opciones, arriesgarme a cruzar o regresar sin mi encomienda. Decidí por el color que más me gustó,“el rojo”. Iba a media calle, pero ahí coincidimos un carro y yo. Me paralicé al oír los chirridos de las llantas al frenar y el estrepitoso sonido del cláxon. Pude reaccionar cuando el automovilista gritó. .. ¡Quítate chamaco pendejo! ¡Casi te mato!
Con la boca seca y el corazón acelerado por el susto apresuradamente terminé de cruzar la calle.
De regreso ya había aprendido que para cruzar era el color verde. Traía en mis manos el encargo, aunque llegó un poco ondulado gracias al fuerte calor.
Hoy, al regresar de mi viaje por el tiempo, fascinado por esa pieza de museo (casi una máquina del tiempo) estuve a punto de repetir la historia, sin embargo, reaccioné y me ubiqué en el aquí y en el ahora soltando casi una carcajada y esperé a que el aparato me diera la instrucción correcta con su luz verde para poder pasar ese raro crucero de una de las tranquilas calles del puerto.
sábado, 23 de octubre de 2010
HOMENAJE A LA REVOLUCIÓN

OBRA DE TEATRO
Homenaje a la Revolución es mi debut como dramaturgo. Esta obra fue escrita especialmente para su presentación en la muestra interestatal de teatro del CBBC el viernes veintidós de octubre del 2010 en conmemoracion del centenario de la Revolución y bicentenario de nuestra independencia. Atendiendo a los requisitos y condiciones establecidos en la convocatoria (u oficio, cómo deseen llamarle, por aquello de la semántica y las disculpas) del Depto de Actividades Paraescolares. La muestra se desarrolló el el auditorio del Plantel Ensenada. Al final de cuentas, sólo pocos nos apegamos y respetamos esos requisitos o condiciones de participación.
Me congratulo por haber dirigido a estos actores y actrices, todos "debutantes", pues en esta puesta en escena demostraron su talento y capacidades histriónicas y pusieron no sólo la "MUESTRA", sino el ejemplo a todos los actores y actrices con "EXPERIENCIA" de todos los grupos participantes Sobre todo pusieron en alto el nombre del PLANTEL ENSENADA del CBBC a pesar del poco apoyo al no contar con un espacio idóneo para realizar los ensayos. En el escenario se plantaron como si verdaderamente tuvieran tablas, como todos unos actores y actrices profesionales.
PERSONAJES:
Madre: Torres Agüero Naara
Hijo: Carballo López Diego Rodolfo
Adelita: Solorza Rodríguez Laura Irasema
Sargento: Barajas Páez Ernesto
Valentina: Rodríguez López Zhujeyth
Juan: Córdova Espinoza Daniel Francisco
Joven Revolucionario: Cárdenas Beltrán Ricardo
Turba: (todos)Chávez Rivera Laura S. y López Zazueta Oralia
Dirección, Iluminación y Utilería: Cuauhtémoc Pérez Gerardo.
CUADRO 1: LA MADRE Y EL HIJO
(Al abrirse el telón, ante una tenue luz blanca, arrodillada en centro del escenario aparece una mujer de mediana edad, haciendo tortillas frente a un fogón o anafre y sobre él, un comal. La escena inicia con la canción Adiós a un Soldado como fondo. Al terminar ésta, sube la intensidad de la luz y entra el hijo nervioso y desesperado dirigiéndose a ella.)
El hijo: !!Mamá!! !! Mamá!!
Madre: ¿Qué te pasa m’hijo?
El hijo: Dicen que la leva ya viene pa’l pueblo, y la verdá yo no quiero irme con los federales. Dicen también que están reclutando a la fuerza a todo aquél que tenga edad suficiente para peliar contra nuestros hermanos. Yo, prefiero irme a la bola a luchar por los ideales del general Zapata… “Tierra y Libertad”.
Madre:(Angustiada por la noticia, llorando responde) Ándele m’hijo, cómase un taco y luego váyase a peliar por la causa, que su madre prefiere que se vaya con la bola y no con esos méndigos pelones del gobierno de ese desgraciado General Huerta. Agarre la carabina de su padre y déles batalla, pa’ que se acabe el hambre y la injusticia.
El hijo: ¡Sí má! Ya verá que a pesar de ese ejército de pelones tendremos una patria verdadera. Ahora sí seremos mexicanos de primera y lograremos acabar con esas tiendas de raya, con todas las injusticias y los abusos de los hacendados y de este gobierno que tanto daño nos han hecho.
Madre: Sí m’hijo, siga los ideales del General Zapata, recuerde que él prefiere morir de pie que vivir arrodillado. Que Dios me lo bendiga y me lo acompañe siempre y no se le haga raro que cualquier rato me le aparezca en la bola con mi treinta treinta.
(Se apaga la luz y ambos salen sigilosamente)
CUADRO 2: ADELITA Y SARGENTO
(Se colocan en el extremo derecho al frente del escenario Adelita y el sargento ante una luz verde).
Adelita: Mi sargento, estoy muy priocupada.
Sargento: A ver mi Adelita… ¿Dígame por qué?
Adelita: Pos es que pareciera que esta revuelta no terminará nunca.
Sargento: Mire Adelita… tenga paciencia. Todos estamos cansados de los malos tratos y abusos de este desalmado gobierno y créame que no importa cuanto nos desgastemos en esto, porque ya no tenemos nada que perder y mucho qué ganar.
Adelita: Tiene usté razón, hemos de seguir luchando hasta ver que Pancho Villa o el general Zapata estén en el poder.
Sargento: Claro que sí, ya verá que pronto triunfaremos y si usté acepta, nos casaremos, y tendremos hartos chilpayates cuando esas tierras regresen a nuestro poder.
(Al terminar la escena, Adelita y el sargento, salen del escenario, apagándose la luz verde.)
CUADRO 3: JUAN Y VALENTINA
(Aparecen en el otro extremo ante una luz roja Juan y Valentina)
Juan: ¿Qué tal mi chula, cómo está usté?
Valentina: Óigame mi Juan, creo que ya no debemos vernos.
Juan: Por qué me dice eso mi chata, ¿Qué no vé que’stoy reteenamorao? O qué, ¿Ya no me quere?
Valentina: No es eso mi Juan, es que dicen que lo van a matar mañana y lo van hacer a la mala nomás por ser revolucionario.
Juan: Mire nomás, pos lo revolucionario no se me ha de quitar, porque ser revolucionario es mi placer y por usté y mi México vale la pena el riesgo y si me han de matar mañana, pos que me maten de una vez.
Valentina: Por eso te quero… ¡por bragado! ¡Sigue luchando al lado del General Villa que ganaremos todas las batallas!
CUADRO 4: El CAMPAMENTO
(Al terminar la escena, se encienden las tres luces que relejan los colores de la bandera en el fondo del escenario. Por el lado izquierdo, un joven revolucionario representando a la clase media, con su rifle en alto, entra gritando consignas en contra del gobierno y vitoreando a Villa y Zapata, seguido de una turba armada gritando. Se integran a la turba los demás personajes.)
El joven: ¡Viva Villa!
Turba: ¡Viva!
El joven: ¡Viva zapata!
Turba: ¡Viva!
El joven: ¡Vivan los mexicanos y que muera el mal gobierno!
Turba: !Que muera el mal gobierno! ¡Que muera el mal gobierno! ¡Que muera el mal gobierno!
(Se apagan las luces y se colocan dispersos sentados en el suelo simulando un campamento, Comienzan a cantar fragmentos de la Adelita, la Valentina, la Rielera y la Cucaracha. Se hace el obscuro total y se cierra el telón.
FIN.
martes, 12 de octubre de 2010
LA RASURADORA RESENTIDA

Cada temporada de invierno, mi familia y yo aprovechamos para pasar las vacaciones viajando en automóvil hacia el centro del país. En uno de esos viajes, había sacado ya el permiso de internación temporal para mi carro y mi maleta la había hecho con una semana de anticipación. Tenía todo listo, ropa, cepillo de dientes, cepillo para el pelo, etcétera. Aún no decidía si llevar mi rastrillo o mi rasuradora de baterías. Se me pasó el tiempo sin advertirlo, opté por llevar mi rasuradora para no cargar con la crema de rasurar que ocuparía un espacio extra. Eran ya pasadas las ocho de la noche y saldríamos por la madrugada, pero había olvidado un pequeño detalle… no había comprado pilas. Raudo y presuroso, me dirigí a la tienda de sólo un precio para comprar unas pilas alcalinas. ¡Oh sorpresa! Había olvidado que faltaban unos días para la noche buena y las pilas se habían agotado. No encontré las pilas que buscaba, pero en la tienda hallé una caja llena de paquetes con pilas “normales” marca Rocket con veinticuatro piezas cada uno. No lo dudé y me llevé dos,luego me dirigí contento a casa por la gran oferta adquirida, hasta les ofrecí a mis hijos y a mi esposa por si llegaban a necesitar. Por la media noche tomamos la carretera e iniciamos el trayecto con destino a Guadalajara haciendo una escala en Culiacán. Al día siguiente manejé hasta llegar a Tepic cuando caía la tarde. A mi esposa se le ocurrió que tomara la vía hacia Puerto Vallarta y así fue. La carretera es muy sinuosa y la noche era obscura, me sentía cansado y todos estábamos hambrientos. Decidimos pasar la noche en Santiago Ixcuintla para descansar y alimentarnos. Nos hospedamos en un lujoso hotel. Nos instalamos, y antes de salir a buscar qué o dónde cenar, decidí darme un baño para descansar. Salí de la regadera y saqué mi rasuradora, pues con la desvelada y el cansancio mis tres pelos de barba y bigote habían crecido. Saqué dos pilas del paquete de veinticuatro, las coloqué en mi máquina y comencé a rasurarme, mientras la familia veía televisión. No pasaron cinco segundos cuando la máquina comenzó a perder fuerza, parecía que estaba resentida y se rebelaba por haberle puesto baterías sencillas y baratas. De pronto se detuvo, habían quedado los duros pelos de mi barba entre sus cuchillas, comencé a reír de nervios, pues no lograba despegarla de mi cara, mis hijos y mi esposa al percatarse del hecho, no pudieron ayudarme, pues al verme se les vino un ataque de risa que les impedía hacer algo por mí. Como pude, quité la tapa de la rasuradora y saqué las pilas. Coloqué otras dosde las veintidós que me quedaban, éstas no duraron ni cinco segundos y mi barba seguía atorada y la máquina continuaba colgando de ella. Pasó un buen rato. Cambiaba constantemente de pilas intentando terminar la rasurada o al menos esperaba que soltara mi barba. Veinticuatro pilas pasaron por la máquina y ninguna sirvió. Mi familia lloraba a causa de las carcajadas causadas por el espectáculo que sin querer les ofrecía, yo también lloraba de la risa, los nervios y dolor, nunca pensé que sufriría tanto. Al ver mi impotencia, mi mujer sacó las pilas de su discman y casi revolcándose de la risa me las entregó sin poder hacer o decir nada. Desesperado arranqué la máquina de mi barba, sentí un inmenso dolor pero un gran alivio. Puse las pilas y pude terminar mi trabajo. El otro paquete de las Roket terminó sin abrirse en la basura. Mi sentido común me había dicho “Llévate el rastrillo”, pero no le hice caso, sólo por confiar en la tecnología. Ahora, cada vez que salgo de vacaciones cargo conmigo una rasuradora eléctrica recargable, sustituta de la de pilas que conservo como un desagradable pero divertido recuerdo de esas magníficas vacaciones, hoy se encuentra descansando en su estuche porque después de ese suceso le perdí totalmente la confianza.
jueves, 16 de septiembre de 2010
MI DESPEDIDA

Sentí que la noche de ayer transcurrió muy lentamente, parecía que cada minuto había duplicado su tiempo de duración. Me fue imposible conciliar el sueño, si me permiten llamarle así, pues la superficie donde me encontraba, era muy angosta. Aunque eso no debió ser el verdadero motivo, pues toda mi vida dormí en superficies angostas; una cobija doblada sobre el suelo o un simple catre de lona, de esos que se usan para acampar. De hecho mis últimos años dormí dentro de una bolsa de dormir para no destaparme por las noches. Y si las camas fueron anchas, siempre dormí justo en la orilla por la misma razón.
Tal vez fue lo duro, lo plano o lo frío del acero inoxidable, ¿O será que dormí desvestido y cubierto sólo por una blanca sábana? ¿O será que la temperatura del cuartucho en el que pernocté estaba controlada para que este cuerpo no se descompusiera rápidamente?
El caso es que hoy me encuentro en este lugar oscuro y angosto para no perder la costumbre.
Mi cuerpo inerte se siente confortado, pues yace sobre una superficie acolchonada. En mi cuerpo ya no siento ni el frío ni el calor, aunque en la sala donde estoy la gente esta cubierta, entran y salen quejándose de la baja temperatura.
Mi mente no se ha desprendido de mi cuerpo y puedo ver que soy el personaje principal de esta obra, pues estoy en el centro del escenario. En la parte posterior se aprecia un paisaje que tiene cautivado al auditorio, al menos eso creo yo. Sí, es un bello paisaje... Ubicada en el centro del jardín exterior, la hermosa fuente rodeada de un suelo alfombrado de un natural y verde pasto. Alrededor, grandes árboles donde revolotean algunas palomas representando supongo a los espíritus que de aquí se separan.
La gente parece hipnotizada, todos tienen la mirada perdida pero fija. Algunos proyectan tristeza, otros, temor y algunos otros no disimulan su alegría por mi último acto.
En la sala, el techo, el piso y las paredes son blancas, en las paredes laterales cuelgan seis cuadros de pinturas abstractas muy coloridas. Al frente, sus dos entradas y bonitos vitrales que permiten entrar los vespertinos rayos solares. Puede respirarse tranquilidad y paz, aunque pienso que falta un poco de música para ambientar.
Me escogieron un ataúd color ataúd, pues en vida siempre pensé que el plateado es el color indicado para estos estuches. Sobre mí, al centro un precioso ramo de flores blancas y no podía faltar mi foto, no sé de dónde la sacaron, pues siempre fui alérgico a las cámaras o ellas a mí. A los lados, recargados en ambas paredes han colocado y continúan llegando varios arreglos florales, todos naturales y de vivos colores que no concuerdan con las falsas veladoras eléctricas empotradas en la pared, ni con los dos simulados cirios eléctricos, ubicados uno en mi cabeza y el otro en mis pies.
Como han cambiado las cosas, recuerdo que antes un muertito podía disfrutar de la luz de cuatro grandes cirios blancos de parafina natural y de velas que aunque humeantes, conducían a las almas hacia donde tenían qué llevarlas, supongo que hasta el cielo o con los parientes y amigos que se le adelantaron; pero lo que me tocó a mí, sólo iluminación sintética, ignoro a donde mi alma irá a parar. Bueno, creo basta de criticar y de inconformidades, pues a pesar de todo, al final del camino, esta gente siempre me quiso hasta el fin e hizo lo posible por darme una digna despedida.
sábado, 4 de septiembre de 2010
XEENA
Desesperadamente tomé el llavero, la angustia me impedía localizar la llave de la cerradura de la puerta. Hice tres respiraciones profundas para calmar mi ansiedad. Por fin logré abrir. Le busqué por todos lados, mas no la encontré.
Mi ser fue invadido por terribles sentimientos de tristeza, decepción, impotencia, culpa y dolor.
Logré tranquilizarme después de un rato y procedí a emprender de nuevo la búsqueda. Angustiado registré todas las calles del lugar, metro a metro, centímetro a centímetro. No podía creer que me hubiera abandonado, incluso la creí muerta, tanto así que examiné hasta por debajo de la casa.
En momentos, para calmar mi ansiedad, pensaba que se había escondido para después darme una agradable sorpresa, pero… ¡Definitivamente no estaba!... !!Se había ido de mi vida!! Me había abandonado después de tanto tiempo de mostrarme los arrebatos de su amor y su cariño.
De nada valió que la piel de mis piernas, mi espalda, mis brazos y mis manos quedara bajo sus uñas cada vez que iba a verle, cada vez que le visitaba para confirmar que estuviera bien alimentada.
Pero se fue y no podía asimilar que se hubiera marchado. Se escabulló de mi vida por algún hueco que me fue imposible localizar.
Abatido, invadido por los sentimientos más tristes, cerré la casa y partí del lugar, abrumado por mis pensamientos. No deseaba sustituirla, pero estaba dispuesto a ello, no había más remedio, tenía qué hacerlo, aún sabiendo que como ella no encontraría a nadie.
Lloré en silencio y en soledad mi pena, no lograba convencerme de su ausencia. Mi mente seguía atormentándose por la duda. Intentaba encontrar una explicación de su partida cuando todo parecía estar bien, mi cerebro se atormentaba a cada momento, no dejaba de pensar en ella, pues en mi alma existía una remota esperanza de que recapacitara y valorara el amor que a pesar de su abandono aún vive en mí y regresara.
Desde lo más profundo de mi ser, escuché una vocecilla apenas perceptible que me decía…
- Regresa y búscala de nuevo, es posible que haya regresado... ¡Búscala de nuevo!
Con sentimientos encontrados de pena, tristeza, y hasta con cierto coraje, pero con una leve esperanza, decidí regresar al lugar de nuestros encuentros.
!!Ahí estaba, había regresado y entrado por el hueco secreto!!
La muy sinvergüenza al verme, estremecía todo su musculoso cuerpo, ladraba sin cesar, moría de gusto al volver a verme. Movía su cola sin parar y sólo esperó que abriera yo la puerta para saltar de felicidad sobre mí y como siempre arrancar con sus garras la piel de mi espalda, mis brazos, mis manos y mis piernas.
lunes, 15 de febrero de 2010
EL DESIERTO #1

Al amanecer salí de la ciudad y me he internado en este inhóspito desierto. Estoy harto de la vida en sociedad y no quiero saber más de ella.
El camino es interminable, el paisaje es monótono, el mismo desde hace horas. Tal parece que no me he desplazado ni un kilómetro. El automóvil se viene sobrecalentando, debo parar y buscar un lugar para protegerme de este intenso sol. Sé que No llegaré muy lejos, dos neumáticos se han pinchado por tantas espinas que han pisado. Me detendré en esa colina junto a aquél arbusto, espero que me sirva de protección luego subiré hasta la cima para ubicarme…
¡Uff! es difícil escalar esta escabrosa colina, pero falta sólo un poco.
Por fin he trepado, el calor es insoportable; ¡Dios mío!... ¡Estoy en medio de la nada! Aquí no habita ninguna alma. Aunque tengo la sensación de haber visto a alguien, tal vez estoy alucinando. Tendré que regresar y protegerme de este maldito sol.
El descenso me cuesta más trabajo, pues la temperatura aumenta minuto a minuto. Ya siento los estragos de la deshidratación; mis glándulas sudoríparas han dejado de funcionar, oigo un intenso zumbido, creo que mi cabeza va a estallar, siento náuseas y creo que voy a vomitar. Es la sensación más desagradable de toda mi vida. Descansaré un rato bajo este arbusto.
Lo que vi desde arriba no fue una ilusión, no fue un espejismo, ¡Es un hombre! Y viene caminando por la brecha.
- ¡Disculpe, señor! ¡Espere! ¡Por favor, espere!
- Con una voz de otro mundo me respondió…Si quieres que me detenga, tendrás que darme de tu agua ¡ESTOY MUERTO DE SED! Me respondió y de pronto azotó en el espinoso suelo.
Mojé su cabeza para refrescarle, humedecí sus labios. De pronto, abrió los ojos, me arrebató la cantimplora y bebió toda el agua que quedaba. Se incorporó muy repuesto secándose sus labios con su mano y con una risa infernal, burlándose de mí me dijo...
- Ya no tienes agua, tu auto ya no sirve y estás en mitad del desierto, ¿Qué harás ahora?... ¿Por qué lo hiciste? ¡Eres un tonto! creíste haber salvado mi vida dándome tu agua.
- ¿Por qué dice eso señor?
- Te lo dije claramente y no me hiciste caso.
- Dígamelo de nuevo por favor, no le entiendo.
- ¡Yo ya estoy muerto desde hace mucho tiempo!. Y tú morirás de sed, de la misma forma en que yo morí!
Me quedé impávido, al ver que aquél hombre que había consumido toda mi agua comenzó a desmoronarse convirtiéndose en arena poco a poco frente a mis incrédulos ojos.
EL DESIERTO #2

Son las dos de la tarde, el sol está en su máximo esplendor, este desierto es infinito. El panorama es desolador, sólo se escucha el ruido que hacen los buitres que sobrevuelan el entorno.
Tendré que subir esa montaña para ubicarme, seguramente habrá algún pueblo cerca y podré divisarlo.
El clima es inclemente, el sudor me surca la cara, falta un poco para llegar a la cima.
Desde acá, sólo veo una brecha infinita que parte en dos el inmenso desierto. En ella, alcanzo a distinguir un bulto que se mueve. No lo identifico ¿Será algún animal?.. Mejor será que baje, tal vez sea alguna persona que conozca bien el desierto y me ayude a llegar a alguna parte.
¿Cómo descenderé? el terreno es muy falso, he derrapado y no puedo controlar mi equilibrio ¡Dios mío! He comenzado a rodar cuesta abajo recogiendo con mi cuerpo cada espina que se atraviesa a mi paso.
Por fin, he llegado al plan. El dolor es intenso, mi respiración está demasiado agitada, en mi cuerpo no cabe una espina más, nunca había experimentado tanto dolor. Mi piel se ha inflamado completamente, creo que voy a desmayarme.
¿Estaré alucinando?, oigo pasos, alguien se acerca.
- ¿Quién está ahí?
- Alguien muerto de sed.
- ¡Ayúdeme por favor!
- Dame tu agua y tal vez te ayude.
- Tome usted la que quiera, ¡Pero ayúdeme, se lo ruego!
- Está bien, la tomaré.
El extraño cogió la cantimplora y la vació sobre mí, posteriormente procedió a mover mi cuerpo haciendo que el dolor se volviera más agudo. Me estrujaba cada vez más, pedí que me dejara, que no me ayudara pues el sufrimiento era insoportable y sin más perdí el sentido.
Comencé a recuperar el sentido con una sed tremenda, sentía que la cabeza me daba vueltas. Mi cuerpo estaba totalmente empapado.
De pronto, sentí unos piquetes en mis costillas y comencé a escuchar una voz femenina que gritaba con un tono imperativo...
Era mi mujer que me pegaba puntapiés haciéndome reclamos.
- ¡Despierta ¡ ¡borracho inmundo!, no he dormido, toda la noche preocupada por que no viniste a dormir, y mira nada más, tú aquí tirado en plena banqueta. ¡Métete ya, que te estás orinando en los pantalones!
Fue entonces cuando comprendí mi situación y no tuve más remedio que obedecer a mi comprensiva esposa.
CARTA DE UN PADRE A SU HIJA

Querida Hija:
Tal vez las palabras que te escribo sean crueles, sin embargo es urgente que te las haga llegar. Son las tres cuarenta de la mañana, acabas de llegar y en estos momentos es difícil para mí platicar contigo, pues tal vez vienes cansada de una más de tus noches de bohemia. De tal forma que no me queda más que utilizar el único medio de comunicación que hasta hoy tú has utilizado conmigo. Como sabes, a mí me gusta hablar y decir las cosas frente a frente y decir sin tapujos las cosas como son, sin embargo, sé que cada vez que intenté entablar de esa forma contigo, la comunicación falló, fracasé de la manera más rotunda, pues siempre sin querer hacerlo te lastimé con mis palabras y lo que menos deseo en esta madrugada es convertirte de nuevo en víctima, pues tal vez sólo estés esperando ese pretexto para dejar a tu familia y no es mi objetivo darte ese gusto, y mucho menos sufrir por tus decisiones.
Como te mencioné anteriormente, la comunicación contigo lamentablemente falló y sinceramente ignoro qué pasó en tu vida, porque ignoro si aún vives con nosotros. De un tiempo acá sólo puedo apreciar rechazo, rencor y amargura en contra de tu familia y como te digo anteriormente, por tal de no molestarte he guardado silencio a pesar de ver cómo te perdemos.
He guardado silencio, he intentado ser cauto por no agravar las cosas y evitar que tomes una decisión que afecte definitivamente tu vida y tus relaciones familiares, ya que no hace mucho me manifestaste por escrito tu deseo de irte de la casa. Me he detenido también por no deteriorar aún más el estado de salud de tu madre, que ha hecho lo posible por que abras los ojos, sin embargo, lamentablemente sus métodos también han fallado.
Tal vez ni siquiera estés consciente del rumbo que le diste a tu vida y tal vez sientas que haces lo correcto, ¡Bien por eso!, aún así, considero (Y es una apreciación muy personal) que no puedes estar bien al cien por ciento, porque tus acciones sólo te han causado dolor e indecisión, tal vez sea porque tu conciencia está siendo manipulada por quienes te dicen al oído sólo lo que deseas oír, que momentáneamente te hacen ser “feliz” o vivir una felicidad fingida, y hacen que olvides o te alejes de quienes consideras te hacemos daño, pero con ello hacen también que ignores y hagas tu futuro a un lado e ignores todas las bendiciones que Dios te ha dado.
Creo que debes estar consciente de que lo que hagas con tu cuerpo, mente y tu vida no me afectará a mí ni a quienes te queremos, pues cada quien es responsable de lo que le fue prestado en esta vida. No me interesa saber si te prostituyes, te alcoholizas o consumes drogas, me interesa sólo que tu vida retome el rumbo, que pongas todo en la balanza, que tomes las decisiones que consideres correctas sin que éstas afecten a terceros.
Puede ser que mi percepción esté errada, pero creo que malos ejemplos no has tenido de tu familia, pues eso de andar en antros o sabrá Dios dónde a deshoras de la noche nunca los viviste en el seno familiar. Ignoro de dónde provenga ese estilo de tu vida bohemia y ese libertinaje. Puedo suponer que surja de algún desafío o de alguna venganza hacia tus padres o hacia toda la familia, no encuentro otra razón; sin embargo, si fuese así, creo que la venganza aún cuando sea manjar de dioses, tiene sus graves consecuencias, porque por mucho que sientas que te hace libre, hace que en tu interior las ataduras sean más fuertes y más dolorosas cada día y se reflejarán en tu estado de salud más adelante.
Debes saber que a pesar de haber perdido tu respeto, aunque lo dudes te quiero mucho y siempre lo haré y jamás olvidaré que fuiste mi hija, pues todos los momentos que vivimos juntos desde tu nacimiento hasta hace unos meses y que han sido los más grandes regalos que Dios me ha dado.
Los detalles tuyos y de tus amistades puedo tomarlos únicamente como un desafío, como una burla o como remate de las venganzas hacia mi persona y hacia mi familia, pues ni tú ni tus “amigos” han tenido la atención ni la delicadeza de presentarse simplemente, ni de establecer un lazo de comunicación aunque fuera por compromiso con la familia, pues obvio es que están jugando contigo y tú estás consintiendo esa agresión en nuestra contra que jamás consentiré ni estaré dispuesto a aceptar.
Por último, te digo que la casa de la familia siempre será tu casa, auque sea para que vengas a dormir. Sólo me resta pedirte perdón por todos mis errores y por no haber aprendido a ser tu padre a tiempo y deseo con toda mi alma que tu vida que es plena, perfecta y completa, recupere la luminosidad y la conciencia. Que Dios y el Arcángel Miguel quiten las vendas de tus ojos y logres la paz en tu alma y la estabilidad y tranquilidad en todos los sentidos.
Aunque no debería, me atrevo a pedir perdón también en nombre de tu madre, que a pesar de todos los errores que ambos pudimos cometer en tu crianza, no fueron en ningún momento con la intención de dañarte. Te pido también que no sigas luchando por tratar de hacernos cambiar con ese estilo tan propio, pues los cambios no están fuera de nosotros. Acéptanos como somos, pues si insistes en cambiarnos, sólo encontrarás frustración, amargura y sólo conseguirás incrementar tu dolor. Intenta cambiar tú desde tu interior, ya que los cambios no están en las demás personas, el verdadero cambio está en tu interior y depende de ti que nosotros y otras personas cambien.
Con todo mi amor y desde mi alma …
Tu padre.
domingo, 7 de febrero de 2010
DEFINICIÓN DE AMIGO

domingo, 25 de octubre de 2009
CUAUHTÉMOC
UNA HAMBURGUESA CONFUSA
En cuanto nos llevaron la orden, hambriento tomé mi hamburguesa, iba apenas a darle la primera mordida, cuando de pronto se acerca a la mesa una guapa mujer de piel morena clara, alta, delgada, de ojos azules, saludando a ambos y con una actitud muy familiar se dirige hacia mí y me dice... ¡Levántate!
Me quedé como menso con la hamburguesa cerca de mis dientes, no sabía qué hacer, ni qué decir, sólo volteé a ver a mi esposa que únicamente sonreía. Pensé que era alguna pariente, alguna vieja loca o alguien que deseaba hacerme una broma. Sin embargo, mi cerebro se volvía loco tratando de ubicar a esta imperante mujer.
¡Levántate! ¿Qué te pasa?...
Atónito, volteando hacia un lado y hacia otro, con la mirada pedía ayuda a mi mujer para salir del embrollo.
De nuevo, la delgada mujer utilizando con energía la función apelativa, ordenó imponentemente ¡Levántate y dame un abrazo! ¿O es que ya no te acuerdas de mí?
Yo con una risita nerviosa, para darle gusto y ponerle fin a esa difícil situación, y esperando que me dejara comer, dejé mi hamburguesa sobre la mesa, me puse de pie y le di lo que ella pedía… Un afectuoso pero forzado abrazo.
Regañándome de nuevo me dice amorosamente… ¿Qué ya no te acuerdas de tu maestra del Colegio Cristóbal Colón?... ¡Soy tu maestra Aurora!
Fue entonces cuando mi mente comenzó a fluir y comencé a armar el rompecabezas, me sentí halagado por el detalle y no sabía si agradecerle por quitarme esos veintinueve años de edad.
Pude por fin responder de la siguiente manera… Maestra, creo que me está confundiendo con mi hijo Emilio.
Sin saber qué hacer, ni qué decir, avergonzada, su cara pasó por todos los colores existentes. Sólo se concretó a pedir disculpas, se despidió y se retiró rumbo al sanitario. Tal vez esperó allí hasta que nos fuéramos, porque no la volvimos a ver.
viernes, 13 de marzo de 2009
UNA PEQUEÑA CIRUGÍA ESTÉTICA

Empiezo a sentir miedo, este nuevo dueño ha dado unos acelerones que hicieron temblar toda mi carrocería y toser a mi carburador. Hizo chillar mis llantas y de repente me dirigió hacia una de las más empinadas y tendidas cuestas de la ciudad; me obligó a subir a una velocidad de cincuenta y cinco kilómetros por
hora; estuve a punto de escupir en pedazos mis pistones, ¡pobre
motorcito mío!, esto no ha sido nada, podría perdonarle todo este maltrato, lo peor fue que de regreso a casa me llevó con, el hacedor de milagros según él, su carrocero de cabecera.
Escuché con mucho cuidado todo lo que decían, esto incrementó mis temores, pues pidió a su milagroso carrocero que amputara la parte central de mi carrocería, ¡qué horror!, me llamó larga y estorbosa. Además de las humillaciones tendré que soportar el corte de la sierra eléctrica con sus filosos dientes de carbón y el molesto tallado de las lijas.
Déjemela, dijo don Javier, se la tendré como nueva en una semana.
Está bien, contestó mi nuevo dueño, nos veremos pronto.
Antes de retirarse, se sentó al volante y comenzó a platicarme, dijo que nadie iba a quererme igual, porque sería su obra maestra, me convertiría en la minivan más mini que hubiese conocido, serás única, dijo; blanco capacete y azul lo que resta de tu cuerpo ¿te parece?. ¡Wahoo! Intenté exclamar, me gustó la idea.
Mi nerviosismo desapareció, pues valía la pena el sacrificio. Me sentí mucho mejor cuando prometió no forzarme más de esa manera, pues sólo estuvo probándome.
Quedé conforme, estacionada en mi hospital, donde me practicarían la cirugía estética reconstructiva, pensando en cómo quedaría con mi intervención quirúrgica. Segura de que en verdad sería la miniminivan más original y especial y que además tendría un nuevo dueño que platicará conmigo, que me cuidará y me querrá por siempre.
jueves, 12 de marzo de 2009
UN VIAJE SIN MEMORIA

Azorado, aturdido y semiconsciente, me subieron en un automóvil con dirección hacia el hospital civil. Antes de llegar al nosocomio, mi cabeza empieza a aclararse y las ideas comienzan a fluir de nuevo en mi cerebro.
¿Pero qué hacía yo trepado en un camión, si a mis primos, a mi hermano y a mí nos habían mandado a matricularnos a la escuela?
Felices por haber pasado de año escolar, una vez inscritos, jugamos un rato en la escuela con nuestros respectivos compañeros. Se llegó la hora y emprendimos el regreso a casa. Mis primos y mi hermano, eran más temerarios y vagos que yo, no temían a los castigos de su madre, pero yo sí. Pues la mía parecía que me estaba cobrando todo lo que le hizo mi padre desde que se separaron, por el sólo hecho de ser el más parecido a él. Ese pequeño detalle siempre me trajo bastantes problemas, y sí, sin deber nada. Creo que estaba pagando todo lo que él hizo.
Vivíamos a sólo seis cuadras de la escuela. A mis queridos parientes se les ocurrió pedir un aventón al repartidor de refrescos de las marcas “Misión y el quita sed Squirt” aunque yo no estaba del todo convencido. Él aceptó de muy buena gana y con toda la buena intención de hacer el bien a unos niños aparentemente cansados. Parados sobre una especie de estribo en la parte posterior del camión, yo, agarrado con uñas y dientes empecé a sentir que la velocidad se incrementaba cada vez más, al mismo tiempo mi corazón bombeaba más sangre que de costumbre, sentía que se me salía. El paisaje pasaba ante mis ojos vertiginosamente, peor que cuando Luis, hijo del dueño de la tienda y por lo tanto el niño rico de la cuadra, me había paseado por primera vez en la parrilla de su bicicleta.
El camión no se detenía y parecía que notenía intención de hacerlo. Pasó de largo la calle donde yo vivía, ignoraba dónde y cuando se detendría. De repente dije: ¨ Aquí me bajo ¨ y sin pensarlo mucho lo hice, ignoraba que pararía en la tienda del Chaparro que estaba en la siguiente cuadra. No me importó que el camión estuviese en movimiento, era preferible el aterrizaje suicida al enfrentamiento con mi madre. Rodé no sé cuantos metros como un costal de huesos, dicen los que me vieron. Por fortuna no tuve fracturas, sólo raspones y la pérdida inmediata de la memoria; inconsciente, trastabillando, caminaba por el medio de la calle, como si estuviera drogado o ebrio. Ignoro cómo caminé las dos cuadras que me faltaban, llegué a mi casa por instinto o por pura inercia.
Héme aquí, semiconsciente, aturdido sin saber aún quien soy, en el automóvil con destino al hospital civil para un reconocimiento médico, acompañado de José Emilio, mi hermano protector y de mi cuñado, quienes se esfuerzan en hacer intentos por que recupere mi memoria y tratando de aleccionarme para que declare en favor del conductor del camión, quien había sido detenido por causa de mis temores e imprudencia pueril. Y pensar que gratis y de tan buena gana nos había transportado.
Ahora mientras mis recuerdos se asientan me percato de no tener fractura alguna, mas temo que mis huesos no soporten una golpiza al llegar a casa, pues la imagen que causó el evento se ha vuelto a presentar en mi cabeza.

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